miércoles, 20 de marzo de 2013

En alguna parte

Moviendo los dedos al ritmo de las hojas que son rosadas por el viento, me deslizo en ese instante en qué todo comienza a flotar desde mi interior, siento calor, una luz que palpita en lo más hondo y me deja entre ver su significado: me veo.

Suspiro de la dicha de aquella sensación pero tan rápido como dejo salir el aire vuelve a mi una inquietante sensación de vacío, lloro en silencio, me aquieto, respiro nuevamente y recuerdo aquellos días lluviosos de invierno donde todo el paisaje es húmedo, frío pero brillante, hay una luz que se encarga de resaltar los colores de la naturaleza, en ese momento siento el desapego, la necesidad por dejar atrás aquellos recuerdos, esa memoria emocional que como una herida sólo a veces aparece no con el afán de herirme sino de mostrarme que estoy viva y la vida es con amor.

Recuerdo un poema , que tan pronto como repaso cada palabra comienza nuevamente a palpitar en mi interior un calor, siento que debo vaciarme de todos aquellos trozos de ilusión que me alejan de mi centro, recuerdo y resaltan en mi memoria algunas partes del poema de la mujer más dulce que he leído:

                                    "Como una enamorada estoy pensando

cómo será el momento en que yo caiga

con mi cuello sobre tu brazo.

Cómo te  miraré, cómo me mirarás

Amo, amo, amo.

Es decir, tengo hecha miel la sangre

Hechos música los suspiros.

Es la segunda vez que Dios pasa esa puerta;

La primera fue cuando nací

Y ahora que por amor vuelvo a ser nueva como un recién nacido."
(Gabriela Mistral)
 
 
Ahora lo veo con claridad, hay un "somos" en algún lugar del universo que se está manifestando, la unicidad pura, la que quizás cada cierta cantidad de tiempo en un plano terrenal debe terminar y otras veces comenzar, en el medio hay un punto finito que requiere de introversión, de trabajo interno, tan pronto como se haya gestado un cambio trascendental, nuevamente debe comenzar, entonces los latidos podrían ser una alerta, una bienvenida de algo inmenso en su magnitud, en su sentir y en su entrega, una apertura: donde el fenómeno de esta forma pueda manifestarse, para luego experimentar claridad: yo te abrazo y tu me abrazas, es real, texturas, temperaturas y nuevos colores inundan nuestra existencia...respiro, suspiro, esta vez sintiendo un real desapego representado por calidez: siento lo que tu sientes y tu sientes lo que yo siento, dejamos partir las investiduras y nos fundimos, al unísono con-versamos, nos conocemos desde el primer instante, el silencio es manjar para nuestra alma, nos vaciamos, reconocemos en el encuentro el deseo mutuo por dejar al otro el libertad, tan pronto sentimos esto estamos frente a frente sin querer alejarnos, nos cuidamos de nosotros mismos, lloramos, reímos, nos amamos.
 
Somos libres, nos desapegamos, volvemos, nos encontramos: somos uno, en alguna parte.
 

 

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