Un día color gris perla, dibujado en éste pinceladas doradas y plateadas en el cielo. Reflejos color cobre en los charcos de agua, un frío que sólo activa los sentidos y juega con todas aquellas cosas que puedan ser capaces de flotar en el aire, incluso los pensamientos. Aromas fugaces que escapan de diversos lugares llegan a mi nariz y desde ahí se comienza a bosquejar mi día.
Los deseos intelectuales son apetecidos junto a un agradable tetera de green tea con suaves toques de miel y jazmín lo que advierte que el resto del día se irá hilando en un continuo de goce y maduración de algunas ideas que carecían de color y forma. Me encuentro en la cúspide de un aprendizaje tan veloz que casi me deja incrédula a los acontecimiento actuales. Sin darme prisa recibo con cariño lo que acabo de aprender, me doy cuenta que se trataba de aquellas ideas, pero ahora toman forma y su color es el que ilumina este día.
Ya es de noche, y el día que comenzó con colores brillantes, como un lino en contemplación, ahora absorbe una tonalidad azulosa con suaves lineas color plata, éstas últimas hacen un juego de combinación de luces entre la expresión cosmopolita y las rebeldes gotas de humedad que recorren seductoras el cristal de la ventana.
El día llega a su fin y no así una intrépida sensación de alegría que deja en mi lengua un ápice dulce de la miel, el jazmín y la sensación de que este día lo vivió ese otro ser amoroso, a otro extremo y quizás de una forma más intensa, prolongada y vívida, con sorbos de aroma frutoso y de color rojizo. Inhalando el frescor del día y junto a él suaves notas de tronco húmedo que comienza a encender para dar calor, exhala esperanza y deseos de materializar emociones de cálidas tonalidades.
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